El Valle del terror
El Valle del terror Según habÃan convenido, McMurdo marchó a Hobson’s Patch. Esa mañana pareció que la PolicÃa se interesaba por él de una manera especial, y el capitán Marvin (el mismo que afirmaba ser un viejo conocido suyo en Chicago) llegó incluso a hablarle cuando estaba esperando en la estación. Pero McMurdo le volvió la espalda, negándose a contestar. Por la tarde regresó de su misión, y se entrevistó con McGinty en la Casa de la Unión.
—Vendrá —dijo a éste.
—¡MagnÃfico! —dijo McGinty.
El gigantón estaba en mangas de camisa, con el amplio chaleco atravesado por pulidas cadenas y sellos, y un brillante titilando por entre el fleco de su encrespada barba. El alcohol y la polÃtica le habÃan convertido en un hombre riquÃsimo, y tan rico como poderoso. Por ello tenÃa que antojársele todavÃa más terrible aquella rápida visión de la cárcel o de la horca que se habÃa alzado ante él la noche precedente.
—¿Crees que es mucho lo que sabe? —preguntó con ansiedad.
McMurdo movió sombrÃamente la cabeza.