El Valle del terror
El Valle del terror —¡Como si yo pudiese llevar encima semejantes cosas, siendo como soy un sospechoso, y habiéndome dirigido la palabra hoy mismo en la estación del ferrocarril el capitán Marvin!
—SÃ, ya me lo habÃan dicho —dijo McGinty—. Me parece que va a caer sobre usted la parte pesada de este asunto. Nosotros podrÃamos tirarlo por algún pozo de mina abandonado, una vez que lo hayamos liquidado; pero, hagamos lo que hagamos, siempre irá a parar la cosa a que ese hombre vivÃa en Hobson’s Patch y en que usted estuvo hoy allÃ.
McMurdo se encogió de hombros.
—Si hacemos las cosas bien, no podrán demostrar jamás que ese hombre ha sido muerto —dijo—. Nadie lo verá venir a casa después de oscurecido, y yo apostarÃa cualquier cosa a que nadie lo verá salir. Mire, consejero. Voy a exponerle mi plan, y usted se encargará de que los demás se adapten al mismo. Ustedes todos vendrán a su debido tiempo. Muy bien. El llega a las diez. Llamará con tres golpes, y yo abriré la puerta. Entonces le dejaré pasar, me quedaré detrás y la cerraré. Y ya es hombre nuestro.
—Todo eso es fácil y sencillo.