El Valle del terror
El Valle del terror White Mason miró a Holmes lo mismo que el pobre médico de aldea mira al especialista de Harley Street que resuelve con una sola frase las dificultades que a él lo desconciertan.
—MÃster Holmes, eso resulta utilÃsimo. Sin duda que está usted en lo cierto. ¡Admirable! ¿Lleva usted acaso en su memoria los nombres de todos los fabricantes de armas del mundo?
Holmes hizo a un lado la pregunta con un vaivén de mano, y White Mason siguió diciendo:
—Sin duda que se trata de una escopeta de fabricación norteamericana. Creo recordar haber leÃdo que en algunas partes de Norteamérica está en uso la escopeta con los cañones recortados. Esa idea ya se me habÃa ocurrido con independencia de que estuviese o no en los cañones el nombre del fabricante. Existen, por consiguiente, pruebas de que él individuo que penetró en la casa y mató al dueño de la misma era norteamericano.
McDonald movió negativamente la cabeza, diciendo:
—Amigo, usted viaja sin duda a excesiva velocidad; hasta ahora no he escuchado nada que demuestre que estuvo en esa casa ningún hombre ajeno a ella.
—La ventana abierta, la sangre en el marco, la extraña tarjeta, huellas de botas en el rincón, el arma.