El Valle del terror
El Valle del terror —Ésa es la ventana —dijo White Mason—. La primera, inmediatamente después del puente levadizo. Se halla abierta tal y como lo estaba la noche pasada.
—Parece algo estrecha para que un hombre haya salido por ella.
—SĂ, desde luego, no serĂa un hombre grueso, mĂster Holmes; no necesitamos de sus razonamientos para verlo. Sin embargo, usted o yo podrĂamos pasar por ese hueco perfectamente.
Holmes se acercó al borde del foso y miró a través de éste. Después examinó el reborde de piedra y el césped que lo contorneaba.
—MĂster Holmes, yo lo examinĂ© con detenimiento —dijo White Mason—. AhĂ no hay nada; no existe señal alguna de que alguien haya tomado tierra en este sitio. Aunque, Âżpor quĂ© razĂłn tendrĂa que haberla?
—Exactamente. ¿Por qué razón? ¿Está siempre el agua turbia?
—Tiene siempre, más o menos, ese color. El arroyo arrastra arcillas.
—¿Qué profundidad tiene?
—Unos sesenta centĂmetros cerca de los bordes y noventa en el centro.
—Podemos, pues, hacer a un lado la idea de que el individuo en cuestión se ahogó al cruzarlo, ¿verdad?