El Valle del terror
El Valle del terror Aquel especialista provinciano me habÃa producido mucha impresión. SabÃa aferrar sólidamente los hechos, y tenÃa un cerebro frÃo, claro, de sentido común, que habrÃa de llevarle bastante adelante dentro de su profesión. Holmes le escuchó con atención, sin dar señal alguna de la impaciencia que tan a menudo le producÃan con sus exposiciones los detectives oficiales.
—Nuestra primera pregunta debe ser ésta: ¿estamos ante un suicidio o un asesinato? ¿No es cierto, caballeros? Si se tratase de un suicidio, tendrÃamos que creer que este hombre habÃa empezado por despojarse del anillo de compromiso, escondiéndolo; que bajó a este cuarto vestido con su batÃn, que pateó barro en un rincón detrás de la cortina para hacemos creer que alguien habÃa estado esperándole, que abrió la ventana, que manchó de sangre el…
—Podemos rechazar con toda seguridad esa suposición —le interrumpió McDonald.
—Eso creo yo. No puede tratarse de un suicidio. Por consiguiente, se ha cometido un asesinato, y lo que tenemos que concretar es si fue cometido por alguien de fuera o de dentro de la casa.
—¡Ea!, vengan sus razonamientos.