El Valle del terror
El Valle del terror —Donde él se encontraba más a gusto era trabajando en nuestra mina de las montañas. Nunca se mezclaba con otros hombres, si podÃa evitarlo. Ésa fue la razón que me hizo pensar que alguien le perseguÃa. Más adelante, al marcharse de manera tan repentina a Europa, adquirà al certeza de que mi suposición era cierta. Creo que debió de recibir alguna advertencia. Aún no habÃa transcurrido una semana de su partida, cuando se presentaron preguntando por él una docena de individuos.
—¿Qué clase de individuos eran?
—La verdad es que parecÃan gente muy del bronce. Se presentaron en la mina misma y quisieron saber dónde se encontraba Douglas. Les contesté que se habÃa marchado a Europa y que yo no sabÃa su paradero. No traÃan, desde luego, ninguna buena intención para Douglas, eso saltaba a la vista.
—Y esos individuos, ¿eran norteamericanos…, californianos…?
—Mire usted: si eran o no californianos, yo lo ignoro. Norteamericanos sà que lo eran, aunque no mineros. Yo no supe sus nombres, y me alegré mucho cuando les vi volver las espaldas.
—¿Y eso ocurrió hará seis años?
—Más bien cerca de siete.
—¿Y dice usted que permanecieron juntos en California cinco años, de lo que se deduce que esta persecución data ya por lo menos de once años?