El Valle del terror
El Valle del terror —Asà parece —dijo Barker.
—¿Qué quieren decir esas palabras de «asà parece»? A usted le consta que es asÃ.
—Al decir «asà parece», entendà que cabÃa también dentro de lo posible que se lo hubiese quitado él mismo.
—El simple hecho de que faltase el anillo, fuese quien fuese el que se lo llevó, ¿no sugerirÃa a cualquiera la idea de que existÃa cierta relación entre el casamiento y la tragedia?
Barker encogió sus anchos hombros y contestó:
—Yo no estoy en condiciones de decir qué es lo que sugiere. Pero si usted se propone dejar entrever que ese hecho pudiera afectar de un modo u otro al honor de esta señora…
Los ojos de Barker relampaguearon un instante, y luego, haciendo un esfuerzo evidente para dominar sus emociones, prosiguió:
—Le digo, si es asÃ, que usted sigue un camino equivocado. Nada más.
—No se me ocurre preguntarle otra cosa por el momento —le dijo con frialdad McDonald.
—Un pequeño detalle nada más —dijo Sherlock Holmes—. Cuando usted entró en el despacho sólo habÃa encendida encima de la mesa una vela, ¿verdad?
—Asà es.