Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes —Ah, Bradstreet, ¿cómo está usted? —un hombre alto y corpulento habÃa surgido por el corredor embaldosado, con una gorra de visera y chaqueta con alamares—. Me gustarÃa hablar unas palabras con usted, Bradstreet.
—Desde luego, señor Holmes. Pase a mi despacho.
Era un despachito pequeño, con un libro enorme encima de la mesa y un teléfono de pared. El inspector se sentó ante el escritorio.
—¿Qué puedo hacer por usted, señor Holmes?
—Se trata de ese mendigo, el que está acusado de participar en la desaparición del señor Neville St. Clair, de Lee.
—SÃ. Está detenido mientras prosiguen las investigaciones.—Eso he oÃdo. ¿Lo tienen aquÃ?
—En los calabozos.
—¿Está tranquilo?
—No causa problemas. Pero cuidado que es granuja cochino.
—¿Cochino?