El corazón de las tinieblas
El corazón de las tinieblas —Perdón. ¿En realidad, qué importa el precio si la cosa está bien hecha? Vosotros desempeñáis muy bien vuestros oficios. Yo tampoco he hecho mal el mío desde que logré que no naufragara aquel vapor en mi primer viaje. Todavía me asombro de ello. Imaginad a un hombre con los ojos vendados obligado a conducir un vehículo por un mal camino. Lo que puedo deciros es que sudé y temblé de verdad durante aquel viaje. Después de todo, para un marino, que se rompa el fondo de la cosa que se supone flota todo el tiempo bajo su vigilancia es el pecado más imperdonable.