La aventura

La aventura

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Pero cuando te vi —prosiguió él al cabo de un rato—, se me pasó por la cabeza que ese hombre había sido enviado en respuesta a mis oraciones. Lo supe, te lo aseguro. Si tú podías ocuparte de mi primo y de mis tierras, pensé, para mí sería como si hubiese tenido a tu hermana… no del todo, pero lo suficiente para un hombre que va a morir dentro de muy poco, no dejando más huellas que una tumba de mármol. Ah, uno desea tanto dejar su marca bajo el bendito sol de Dios, y poder conocer un poco cómo irán las cosas después de muerto… Rápidamente puse en orden mis pensamientos. Había una dificultad: O’Brien. Si yo le hubiese dicho: «He aquí al hombre que va a casarse con mi prima», él te habría asesinado o me habría asesinado a mí; nada le habría detenido. De modo que le dije muy tranquilamente: «Oiga, señor secretario, he aquí al hombre que usted necesita para reemplazar a Nichols… se bate como un diablo; pero no creo que él consienta sin un poco de persuasión. Atráigalo, pues, con señuelo, a casa de Ramón y convénzalo». O’Brien se puso muy contento, porque pensó que al fin llegaba yo a interesarme en sus proyectos, y eso suponía humillar a un inglés.

Y Serafina estaba contenta, porque frecuentemente yo le había hablado con entusiasmo de ti, de tu intrepidez y tu honradez. Entonces hice que Ramón te atrajese con señuelo, pensando que el asunto pasaría a mis manos.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker