Un vagabundo de las islas
Un vagabundo de las islas —Ya que quiere saberlo, me rogaba que le perdonase a usted, que le salvara la vida, como si usted se mereciese el perdón de nadie.
—Pues ella, ¡ella!, me ha estado rogando durante tres dÃas que no le perdonase a usted, que le matara a traición —repuso Willems vivamente y con los dientes apretados—. Durante esos tres dÃas no me ha dejado un instante de reposo. Estaba febril, planeando constantemente emboscadas y traiciones contra usted. Se ha pasado horas enteras buscando lugares a propósito donde yo pudiera esconderme y descerrajarle un tiro cuando entrase en la explanada. ¡Es verdad! ¡Le doy a usted mi palabra de honor de que es verdad!
—¡Su palabra de honor! —contestó Lingard con terrible ironÃa.
Pero Willems no debió de oÃr o no quiso darse por aludido, porque continuó diciendo: