El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos El tumulto se extendió rápidamente en todas las direcciones. Algunos guerreros en la orilla contraria llamaron a sus camaradas y recibieron respuesta desde lo alto. Los gritos se oyeron tan próximos como los que provenÃan del pasadizo entre las dos cuevas, entremezclándose con otros aún más fieros que surgÃan de la profundidad del valle. En resumidas cuentas, los alaridos de los salvajes proliferaron tanto entre las rocas que los ocupantes de la cueva se vieron dominados por la angustia y comenzaron a imaginar que tales exabruptos venÃan de todos lados, incluso bajo sus pies.