El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos —La huella femenina que hemos encontrado sólo puede ser de una de las dos hermanas, ya que no hay otra mujer en muchos kilómetros a la redonda. Sabemos que la mayor ha estado aquÃ; pero ¿adónde hay señales de la más joven? Vayamos más adelante por este camino y, si no encontramos nada, volveremos a la llanura para comenzar de nuevo. En marcha, Untas, mantén la mirada en las hojas secas. Yo vigilaré los arbustos; mientras tanto, que tu padre esté pendiente de cualquier olor que sirva de señal. Vámonos, amigos; el sol se está ocultando tras las colinas.
—¿No hay nada que yo pueda hacer? —preguntó Heyward con apuro.
—¿Usted? —gritó el explorador, habiendo iniciado ya; del modo acordado, la marcha con sus compañeros de piel roja—. Usted puede mantenerse en la retaguardia, y no se interponga en el rastreo.
Antes de que hubiesen avanzado muchos metros, los indios se pararon; parecÃan contemplar alguna señal sobre el suelo con más atención de lo habitual. Tanto el padre como el hijo hablaron en alto y de un modo muy rápido; miraban al objeto de su investigación con gran interés, para luego congratularse mutuamente por su hallazgo.