El Principito
El Principito —Pareceré enfermo… Parecerá un poco que me muero… es asÃ. ¡No vale la pena que vengas a ver eso…!
—No te dejaré.
Pero estaba preocupado.
—Te digo esto por la serpiente; no debe morderte. Las serpientes son malas. A veces muerden por gusto…
—He dicho que no te dejaré.
Pero algo lo tranquilizó.
—Bien es verdad que no tienen veneno para la segunda mordedura…

Aquella noche no lo vi ponerse en camino. Cuando le alcancé marchaba con paso rápido y decidido y me dijo solamente:
—¡Ah, estás ahÃ!
Me cogió de la mano y todavÃa se atormentó:
—Has hecho mal. Tendrás pena. Parecerá que estoy muerto, pero no es verdad.
Yo me callaba.
—¿Comprendes? Es demasiado lejos y no puedo llevar este cuerpo que pesa demasiado.
Seguà callado.
—Será como una corteza vieja que se abandona. No son nada tristes las viejas cortezas…
Yo me callaba. El principito perdió un poco de ánimo. Pero hizo un esfuerzo y dijo: