Piloto de guerra
Piloto de guerra ComponĂan el semblante de la casa. Eran los objetos de un culto de religiones particulares. Cada uno en su lugar se habĂa hecho necesario por las costumbres, embellecido por los recuerdos, valĂan por la patria Ăntima que contribuĂan a fundar. Pero se les ha creĂdo preciosos por sĂ mismos, se les ha arrancado de su chimenea, de su mesa, de su muro, se les ha amontonado en desorden y ya no hay allĂ más que objetos de bazar que muestran su usura. ¡Las reliquias piadosas, si se las amontona, dan náuseas!
Ante nosotros algo se está ya descomponiendo.
—¡Pero ustedes están locos, aquĂ! ÂżQue quĂ© pasa?
La patrona del café adonde vamos se encoge de hombros:
—Evacúan.
—¡Por qué, Santo Dios!
—No sabemos. El alcalde lo ha dicho.