Piloto de guerra
Piloto de guerra Está muy ocupada. Se mete en la escalera. Dutertre y yo contemplamos la calle. A bordo de los camiones, de los autos, de las carretas y carromatos, hay una amalgama de niños, de colchones y de utensilios de cocina. Los autos viejos, sobre todo, dan pena. Un caballo bien aplomado entre las varas de una carreta, da una sensación de salud. Un caballo no necesita piezas de recambio. Una carreta se repara con tres clavos. ¡Pero todos esos vestigios de una era mecánica! Este conjunto de pistones, válvulas, magnetos y engranajes, ¡hasta cuándo funcionarán!
—… Capitán… ¿no podrÃa ayudarme?
—Claro que sÃ. ¿A qué?
—A sacar mi coche de la granja.
La miro estupefacto:
—Usted… ¿usted no sabe conducir?
—¡Oh!… una vez en la carretera todo irá bien… es menos difÃcil…
Son ella, la cuñada y los siete niños…
¡En la carretera! ¡En la carretera adelantará veinte kilómetros diarios, por etapas de doscientos metros! Cada doscientos metros tendrá que frenar, parar, desembragar, embragar, cambiar de marcha en la confusión de un embotellamiento inextricable. ¡Lo romperá todo! ¡Y la nafta, que faltará! ¡Y el aceite! ¡Y hasta el agua, de la que se olvidará!