Piloto de guerra
Piloto de guerra —Nos lo han dicho…
—¿Quién se lo ha dicho?
—El alcalde…
Siempre el alcalde.
—¡Seguro que todos preferirÃamos quedarnos en casa!
Es exacto. No respiramos aquà una atmósfera de pánico, sino una atmósfera de obligación ciega. Dutertre y yo aprovechamos para sacudir a algunos:
—Lo que podrÃan hacer es descargar todo esto. Al menos beberán ustedes el agua de sus fuentes…
—¡Seguro que uno harÃa bien…!
—¡Pero son libres!
Hemos ganado la partida. Se ha formado un grupo. Nos escuchan. Mueven la cabeza de un lado al otro para aprobar.
—¡… Tiene mucha razón el Capitán!
Tengo discÃpulos que me relevan. He convertido a un peón caminero que se enardece más que yo:
—¡… Siempre lo he dicho! Una vez en la carretera mascaremos macadam.
Discuten. Están de acuerdo. Se quedarán. Algunos se alejan para predicar a otros. Pero he aquà que vuelven descorazonados:
—Esto anda mal. Nos vemos obligados a marcharnos también.
—¿Por qué?