Piloto de guerra
Piloto de guerra Corre el rumor de que desde ayer el gobierno ha prohibido las evacuaciones de los pueblos. Pero las órdenes se propagan Dios sabe cómo, pues ya no se puede circular por la carretera. En cuanto a los circuitos telefónicos, están embotellados, cortados o suspectos. Y luego, no se trata de dar órdenes. Se trata de reinventar una moral. Se enseña a los hombres, desde hace miles de años, que la mujer y el niño deben ser sustraÃdos a la guerra. La guerra concierne a los hombres. Los alcaldes conocen bien esta ley y los adjuntos y los maestros. Bruscamente reciben la orden de prohibir las evacuaciones, es decir de obligar a las mujeres y a los niños a permanecer bajo los bombardeos. NecesitarÃan un mes para reajustar su conciencia a estos tiempos nuevos. No se echa por tierra de un golpe todo un sistema de pensar. Y el enemigo progresa. Por eso los alcaldes, los adjuntos, los maestros, largan sus pueblos a las carreteras. ¿Qué se puede hacer? ¿En dónde está la verdad? Y se van esos corderos sin pastor.
—¿No hay un médico aqu�
—¿No es usted del pueblo?
—No. Nosotros venimos de más al Norte.
—¿Por qué un médico?
—Es mi mujer que va a dar a luz en la carreta…
Entre las baterÃas de cocina, en el desierto de este hierro viejo universal, como sobre espinas.
—¿No podÃa usted preverlo?