Piloto de guerra
Piloto de guerra Ya la paz se muestra un poco por todas partes. No es una de estas paces bien dibujadas, que suceden, como etapas nuevas de la Historia, a guerras claramente resueltas por tratado. Se trata de un perÃodo innominado que es el fin de todo. Un fin que no acabará de acabarse. Se trata de un pantano en el que se hunde poco a poco cualquier Ãmpetu. No se presiente un final bueno o malo. Al contrario. Se entra poco a poco en la podredumbre de una cosa provisional que se parece a la eternidad. No se decidirá nada, pues ya no hay ningún nudo por el que agarrar al paÃs, como uno sostendrÃa a una ahogada atándose el puño a su cabellera. Todo se ha deshecho. Y el más patético esfuerzo no trae más que un mechón de pelo. La paz que viene no es el fruto de una decisión tomada por el hombre. Gana terreno como una lepra.
AhÃ, debajo de mÃ, sobre esas carreteras en donde la caravana se descompone, en donde los blindados alemanes matan o dan de beber, ocurre como en los territorios fangosos en que la tierra y el agua se confunden. La paz, que ya se mezcla con la guerra, pudre la guerra.