Piloto de guerra
Piloto de guerra Oyes, Paula, «empieza a ponerse feo». Y sin embargo, no puedo dejar de asombrarme de ese azul de la noche. ¡Es tan extraordinario! Este color es tan profundo… Y esos árboles frutales, ésos que podrÃan ser ciruelos, que desfilan. He entrado en este paisaje. ¡Se acabaron las vidrieras! Soy un merodeador que ha saltado el muro. Ando a grandes zancadas por un campo de alfalfa húmedo y robo ciruelas. Paula, es una guerra absurda. Es una guerra melancólica y completamente azul. Me he perdido un poco. He encontrado este extraño paÃs cuando envejecÃa… ¡Oh! no, no tengo miedo. Es un poco triste y nada más.
—¡Zigzaguee, Capitán!
¡Éste es un juego nuevo, Paula! Una patada a la izquierda, una patada a la derecha y se desvÃa el tiro. Cuando me caÃa me hacÃa chichones. Tú me los curabas sin duda con compresas de árnica. Voy a necesitar mucha árnica. Sabes, a pesar de todo… ¡es maravilloso el azul de la noche!
He visto ahà en la parte de delante tres lanzazos divergentes. Tres largos tallos verticales y brillantes. Estelas de balas luminosas o de obuses luminosos de pequeño calibre. Era todo dorado. He visto bruscamente en el azul de la tarde brotar la luz de este candelabro de tres brazos…
—¡Capitán! ¡A la izquierda tiran muy fuerte! ¡Oblicúe!