Piloto de guerra
Piloto de guerra ¿Que tu hijo está preso en un incendio? ¡Lo salvarás! ¡No hay quién te retenga! ¿Que te quemas? ¡Qué te importa! Dejas esta carne andrajosa para quien la quiera. Comprendes que no te importa aquello que te importaba tanto. ¡VenderÃas, si constituyera obstáculo, tu hombro para consentirte el lujo de dar un golpe de hombro! ¡Estás instalado en tu acto mismo! ¡Tu acto eres tú! ¡Ya no te encuentras fuera de él! Tu cuerpo es tuyo, ya no es tú. ¿Vas a pegar? Nadie te dominará amenazándote en tu cuerpo. ¿Tú? Es la muerte del enemigo. ¿Tú? Es la salvación de tu hijo. Te canjeas. Y no experimentas la sensación de perder en el cambio. ¿Tus miembros? Instrumentos. No nos burlamos poco de un instrumento que salta mientras cortamos. Y te canjeas por la muerte de tu rival, por la salvación de tu hijo, por la curación de tu enfermo, por tu descubrimiento, ¡si eres inventor! Este camarada del Grupo está herido de muerte. El parte reza: «Dijo entonces a su observador: estoy listo. ¡Lárgate! ¡Salva los documentos!…». ¡Lo único que importa es salvar los documentos, o el niño, o la curación de un enfermo, la muerte del rival, el descubrimiento! Tu razón de ser se muestra en forma resplandeciente. Es tu deber, es tu odio, es tu amor, es tu fidelidad, es tu invento. No encuentras nada más en ti.