Piloto de guerra
Piloto de guerra El fuego, no solamente ha echado por tierra la carne, sino al mismo tiempo el culto de la carne. El hombre ya no se interesa por él mismo. Solamente se impone a él lo que él es. No se atrinchera si muere: se confunde. No se pierde: se encuentra. Esto no es deseo de moralista. Es una verdad usual, una verdad de todos los dÃas, que una ilusión de todos los dÃas cubre con una máscara impenetrable. ¿Cómo hubiera podido prever mientras me vestÃa y sentÃa miedo por mi cuerpo, que me preocupaba de tonterÃas? Sólo en el momento de entregar este cuerpo es cuando todos, siempre, descubren con estupefacción lo poco que estaban ligados a él. Pero claro que durante mi vida, mientras nada urgente me gobierna, mientras mi razón de ser no está en juego, no concibo problemas más graves que los de mi cuerpo.
¡Cuerpo mÃo, me importas un comino! ¡Estoy expulsado, fuera de ti, no tengo esperanza ninguna, y no me falta nada! Reniego de todo lo que he sido hasta este momento. Ni era yo el que pensaba, ni era yo el que sentÃa. Era mi cuerpo. Bien o mal, he tenido que traerlo a rastras hasta aquÃ, de lo cual deduzco que no tiene ninguna importancia.
A la edad de quince años recibà mi primera lección: un hermano más joven que yo, estaba, desde hacÃa quince dÃas, considerado perdido. Una mañana, hacia las cuatro, su enfermera me despertó:
—Su hermano le llama.