Piloto de guerra
Piloto de guerra A pesar de la putrefacción de la derrota, llevo dentro de mÃ, como al salir de recibir un sacramento, este grave y duradero júbilo. Estoy sumido en la incoherencia y sin embargo soy como vencedor. ¿Cuál es el camarada que al volver de una misión no lleva en él este vencedor? El capitán Pénicot ya me ha contado su vuelo de esta mañana: «Cuando me parecÃa que una de las automáticas apuntaba demasiado bien, yo bifurcaba directo sobre ella a plena velocidad, a ras de suelo, y soltaba un chorro de ametralladoras que apagaba en seco aquella luz rojiza, como un golpe de viento apaga una vela. Una décima de segundo más tarde, pasaba como una tromba sobre el equipo… ¡Era como si el arma hubiera explotado! Encontraba el equipo de los sirvientes disperso, atropellado por la huida. TenÃa la sensación de estar jugando a los bolos». Pénicot se reÃa. Pénicot se reÃa magnÃficamente. ¡Pénicot, capitán vencedor!
Yo sé que la misión habrá transfigurado hasta a ese ametrallador Gavoille que, atrapado por la noche en la basÃlica construida por ochenta proyectores de guerra, pasó como en una boda de soldados bajo la bóveda de espadas.
—Puede usted tomar a noventa y cuatro.