Tierra de hombres
Tierra de hombres SĂ, voy a volver, pero antes voy a llamar a los hombres:
—¡Eh!
Este planeta, buen Dios, este planeta está sin embargo habitado…
—¡Eh! ¡Hombres!
Estoy ronco. Ya no me queda voz. Me siento ridĂculo por gritar de esta forma… Vuelvo a gritar:
—¡Hombres!
Suena enfático y pretencioso.
Doy media vuelta.
DespuĂ©s de dos horas de marcha vislumbro las llamas que PrĂ©vot, muy asustado al pensar que me habĂa perdido, lanza cielo. ¡Bah! Ya me da igual…
Una hora de marcha aĂşn… TodavĂa quinientos metros. TodavĂa cien metros. TodavĂa cincuenta.
—¡Oh!
Me he parado, estupefacto. La alegrĂa invade mi corazĂłn y yo procuro controlarla. PrĂ©vot, iluminado por la hoguera, charla con dos árabes apoyados en el motor. TodavĂa no me ha visto.
Está demasiado ocupado con su propia alegrĂa. ¡Ah! Si, como Ă©l, hubiera esperado… ¡Ya habrĂa sido liberado! Grito con alegrĂa:
—¡Eh!
Los dos beduinos se sobresaltan y me miran. Prévot los deja y llega a mi lado. Abro los brazos.