Tierra de hombres
Tierra de hombres Es verdad. Está solo.
Esta vez no siento desesperanza, sólo un sordo sentimiento de cólera.
—¿Y tu lago?
—Conforme avanzaba, se alejaba. He andado tras él durante una media hora. Después de media hora estaba demasiado lejos. He regresado. Pero ahora estoy completamente seguro de que se trataba de un lago…
—Estás loco, loco de atar. ¿Por qué has hecho esto? ¿Por qué?
¿Qué ha hecho? ¿Por qué lo ha hecho? LlorarÃa de indignación, pero ignoro por qué estoy indignado. Prévot me explica con voz ahogada:
—¡Deseaba tanto encontrar algo para beber…! ¡Tienes los labios tan blancos!
¡Ah! Mi cólera se disipa… Me paso la mano por la frente, como si me estuviera despertando, y me siento triste. Y, suavemente, le cuento:
—He visto, como te estoy viendo ahora, con claridad, he visto tres luces, sin posibilidad error… ¡Te digo que las he visto, Prévot!
En un primer momento Prévot se calla:
—¡Claro que sÃ! —Reconoce por fin.— Esto no va bien.