Tierra de hombres
Tierra de hombres Un mantel desplegado bajo un manzano sólo puede recoger manzanas; un mantel bajo las estrellas sólo puede recibir polvo de los astros: nunca un aerolito había mostrado tan claramente su origen.
Y; de forma natural, levanté la vista y pensé que otros frutos debían de haberse desprendido del manzano celeste. Los encontraría en el mismo punto donde cayeron ya que durante cientos de miles de años nada les había podido alterar y, además, no podían ser confundidos con piedras de otro tipo. Así que me puse a explorar enseguida para verificar mi hipótesis.
Ésta se confirmó. Fui coleccionando mis hallazgos al ritmo aproximado de una piedra por hectárea. Todas tenían el mismo aspecto de pasta amasada, la misma dureza de negro diamante.
Así fue como presencié desde lo alto de mi pluviómetro, durante un breve y sobrecogedor paseo, el lento aguacero del fuego.