David Copperfield
David Copperfield –Y me sentiré veinte veces más feliz, señor –añadà en tono lisonjero, aunque no creo que fuera consciente de ello–, si me contrata para ayudarle con el diccionario.
El doctor se detuvo, me dio otra palmada en el hombro, muy sonriente, y exclamó con aire triunfal –daba gusto verlo–, como si yo hubiera logrado adentrarme en lo más profundo de la sagacidad humana:
–Mi joven y querido amigo, ¡lo ha adivinado! ¡Se trata del diccionario!