David Copperfield
David Copperfield –No pretendo decir eso en absoluto –señaló–. SerÃa mejor para usted y para todos nosotros, señor Copperfield, que fuera un poco más interesado… quiero decir, que fuese más juicioso y tomara menos en serio estas locuras juveniles. No. Sólo querÃa decirle, con un propósito muy diferente, que supongo que sabrá que dispongo de algunos bienes que legaré a mi hija.
Por supuesto que lo sabÃa.
–¿No pensará usted –prosiguió el señor Spenlow–, con todos los ejemplos que vemos diariamente, aquà en los Commons, del inexplicable y negligente proceder de los hombres en relación con sus disposiciones testamentarias (no creo que haya ningún otro asunto en el que los hombres sean más inconsecuentes), que no he tomado mis medidas al respecto?
Incliné la cabeza en señal de asentimiento.