David Copperfield

David Copperfield

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Aquel gesto puso fin a las diligencias de la tarde. Estábamos transidos de dolor y de fatiga, y mi tía y yo debíamos volver a Londres por la mañana. Habíamos acordado encontrarnos con los Micawber después de que vendieran sus pertenencias a un chamarilero, que los asuntos del señor Wickfield serían solventados cuanto antes bajo la dirección de Traddles, y que Agnes vendría también a Londres mientras se solucionaba todo. Pasamos la noche en la vieja casa, que, sin la presencia de los Heep, parecía curada de una larga enfermedad; y yo me acosté en mi antiguo dormitorio, como un náufrago que regresara a su hogar.

Al día siguiente volvimos a casa de mi tía, no a la mía; y cuando nos quedamos a solas antes de acostarnos, como en los viejos tiempos, me dijo:

–Trot, ¿de veras te gustaría saber lo que me ha atormentado estos últimos días?

–Por supuesto que sí, tía. Si ha habido algún momento en que yo haya deseado compartir sus penas e inquietudes, es ahora.

–Ya has sufrido bastante, muchacho –exclamó mi tía con dulzura–, sin que yo aumente tu aflicción con mis pequeños infortunios. Si te lo he ocultado, Trot, ha sido por ese motivo.

–Ya lo sé –dije–. Pero cuéntemelo ahora.

–¿Te gustaría acompañarme cerca de aquí mañana a primera hora? –me preguntó.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker