David Copperfield
David Copperfield Clavando sus ojos en mÃ, se lleva la mano a la frente y empieza a gemir. De pronto grita, con voz terrible:
–¡Rosa, ven a mi lado! ¡Él ha muerto!
Rosa se arrodilla a sus pies, y unas veces la acaricia y otras riñe con ella. Tan pronto le dice con vehemencia: «Yo le querÃa mucho más de lo que nunca le amó usted», como le habla con dulzura para que se duerma sobre su pecho, al igual que un niño enfermo. Asà las dejo; asà las encuentro siempre; y asà pasan el tiempo, año tras año.
¿Qué barco es ése que llega de la India? ¿Y quién es esa dama inglesa, casada con un viejo y gruñón Creso[129] escocés de enormes orejas? ¿Puede tratarse de Julia Mills?
En efecto, es Julia Mills, hermosa y displicente, con un criado negro que le presenta las tarjetas y las cartas en una bandeja de oro, y una doncella de piel cobriza, con un traje de lino y un pañuelo de brillantes colores, que le sirve el almuerzo en su gabinete. Pero Julia ya no escribe ningún diario, ni canta himnos fúnebres al amor; discute a todas horas con el viejo Creso escocés, que es una especie de oso amarillo de tez curtida. Julia nada en dinero, y no piensa en otra cosa ni tiene otro tema de conversación. Me gustaba más en el desierto del Sáhara.