David Copperfield
David Copperfield Asentà con un movimiento de cabeza.
–Todo va bien, amigo mÃo –repitió el carretero, tendiéndome la mano–. Gracias a su ayuda… Todo va bien.
En sus intentos por expresarse con claridad, el señor Barkis se mostraba tan misterioso que yo hubiera podido contemplar su rostro durante una hora sin que su expresión me proporcionara más información que un reloj sin cuerda; pero Peggotty me llamó. Mientras nos alejábamos de allÃ, quiso saber qué habÃa dicho el carretero. Le dije que éste habÃa asegurado que todo iba muy bien.
–¡Qué desvergonzado! –afirmó ella–. Pero no importa… Davy, querido, ¿qué le parecerÃa si yo pensara en casarme?
–Bueno, supongo que me seguirÃas queriendo igual que ahora –respondÃ, tras unos instantes de reflexión.
Ante el asombro de los transeúntes, asà como de sus familiares, que caminaban delante de nosotros, la buena mujer no pudo menos que detenerse y abrazarme allà mismo, afirmando enérgicamente que su amor era inalterable.
–Entonces, tesoro mÃo, ¿qué le parecerÃa? –inquirió de nuevo, cuando reiniciamos nuestra marcha.
–¿Que pensaras en casarte… con el señor Barkis, Peggotty?