David Copperfield
David Copperfield –A Brooks de Sheffield –afirmó el señor Murdstone.
Me tranquilizó saber que sólo se trataba de Brooks de Sheffield, ya que al principio habÃa creÃdo que hablaba de mÃ.
DebÃan conocer una historia muy graciosa sobre ese personaje, pues los dos caballeros se reÃan a carcajadas cada vez que se mencionaba su nombre, y el señor Murdstone también parecÃa divertirse mucho. Cuando acabaron con sus risas, el caballero al que este último habÃa llamado Quinion preguntó:
–¿Y qué opina Brooks de Sheffield de sus planes?
–No creo que, por el momento, esté al corriente de nada –contestó el señor Murdstone–; aunque yo dirÃa que no se muestra nada favorable.
Aquellas palabras fueron seguidas de nuevas risotadas, y el señor Quinion dijo que tocarÃa la campanilla para pedir un poco de jerez con el que brindar por Brooks. Asà lo hizo. Y cuando el vino llegó, quiso que yo tomara un poco –acompañado de una galleta– y, antes de beber, me invitó a ponerme en pie y a exclamar:
–¡Que el demonio se lleve a Brooks de Sheffield!