David Copperfield
David Copperfield Sentà verdadera curiosidad y excitación ante la idea de conocer a aquella dama, especialmente porque Steerforth se desternillaba de risa cada vez que yo me referÃa a ella, negándose en redondo a contestar mis preguntas. Esperé, asÃ, su llegada con enorme impaciencia. HacÃa media hora que habÃan quitado el mantel y que nosotros bebÃamos junto al fuego, cuando la puerta se abrió y Littimer anunció con la imperturbabilidad que le caracterizaba:
–¡La señorita Mowcher!