David Copperfield
David Copperfield Me hizo esa pregunta con la vivacidad de un elfo, mirándome con aire inquisidor, por lo que me quedé desconcertado durante unos segundos.
–No, señorita Mowcher –repliqué–. Se llama Emily.
–¿Ah, sÃ? –exclamó en el mismo tono–. ¡Vaya! ¡Qué charlatana soy! ¿No me encuentra frÃvola, señor Copperfield?
Tanto en su tono como en su aspecto, hubo algo que me disgustó. RespondÃ, por ese motivo, con mayor seriedad de la que habÃamos mostrado hasta entonces:
–Es una joven tan virtuosa como bella. Está prometida a un hombre muy honrado y respetable, de su misma posición. Valoro tanto su buen juicio como admiro su hermosura.