David Copperfield
David Copperfield El fumista que había fabricado el hogar de la cocina de la señora Crupp había mostrado una falta de previsión inaudita, pues lo único que podía prepararse en él eran chuletas y puré de patatas. Cuando mencioné el pescado, la señora Crupp me propuso que fuera a echar un vistazo a su fogón. Era lo único que podía decirme. ¿Quería ir a echarle un vistazo? Como no habría servido de mucho, le dije que no y añadí: «No se preocupe por el pescado». Pero la señora Crupp aseguró que no debía hablar así; era época de ostras, ¿por qué no servir ostras? Y así lo decidimos. Entonces mi casera me aconsejó el siguiente menú: un par de pollos asados, bien calientes, que traerían de un horno cercano; una fuente de estofado de vaca con verduras… del horno cercano; dos pequeños platos de acompañamiento, por ejemplo un pastel de levadura y unos riñones… del horno cercano; una tarta y (si yo lo deseaba) un molde de gelatina… del horno cercano. De ese modo, según afirmó, ella podría concentrar toda su atención en las patatas y servirnos el queso y el apio como a ella le gustaba.