David Copperfield
David Copperfield –No soy tan poco razonable –prosiguió Agnes en su tono habitual, después de unos instantes de silencio– como para esperar que quieras o puedas cambiar de golpe tus sentimientos; especialmente cuando éstos se hallan tan arraigados en ti, que eres un hombre de naturaleza confiada. No debes apresurarte a hacerlo. Lo único que te pido, Trotwood, es que, si alguna vez piensas en mÃ… quiero decir –corrigió con una sonrisa amable, al ver que yo me disponÃa a interrumpirla, y ella sabÃa por qué– que siempre que pienses en mà medites en lo que te he dicho. ¿Me perdonas por todo esto?
–Lo haré, Agnes –respondÖ, cuando seas justa con Steerforth, y lo quieras tanto como yo.
–¿Y hasta entonces, no? –inquirió ella.
Una sombra cruzó por su rostro cuando oyó mencionar su nombre; pero me devolvió la sonrisa, y volvimos a sentirnos tan a gusto juntos como en los viejos tiempos.
–Agnes, ¿cuándo me perdonarás por lo de la otra noche?
–Cuando lo recuerde –repuso ella.