Grandes Esperanzas
Grandes Esperanzas Al terminar cada pregunta me inclinaba un poco más hacia atrás, a fin de darme a entender mi estado de indefensión y el peligro que corrÃa.
— Me traerás una lima -dijo echándome hacia atrás-. Y también vÃveres. -Y volvió a inclinarme-. Me traerás las dos cosas añadió repitiendo la operación. Si no lo haces, te arrancaré el corazón y el hÃgado. -Y para terminar me dio una nueva sacudida-.
Yo estaba mortalmente asustado y tan aturdido que me agarré a él con ambas manos y le dije:
— Si quiere usted hacerme el favor de permitir que me ponga en pie, señor, tal vez no me sentirÃa enfermo y podrÃa prestarle mayor atención.
Me hizo dar una tremenda voltereta, de modo que otra vez la iglesia pareció saltar por encima de la veleta. Luego me sostuvo por los brazos en posición natural en lo alto de la piedra y continuó con las espantosas palabras siguientes: