Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades El señor Stryver presentó entonces los testigos en pro del acusado. El señor Cruncher, después de oír sus declaraciones, se vio obligado a oír la réplica del fiscal, el cual, volviendo al revés la casaca que el defensor había cortado a los jurados, probó que Barsad y Roger Cly eran infinitamente más honrados y el acusado cien veces más pérfido de lo que había creído en un principio. Finalmente, el juez tomó la casaca, la enseñó por el paño y por el forro, y le dio con decisión el corte definitivo haciendo de ella un sudario destinado al acusado.
Los jurados dieron comienzo a su deliberación y las moscas volvieron a zumbar a más y mejor.