Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —Lo sé —respondió Carton con indiferencia—. No os enfadéis, señor Lorry. Sois tan bueno como el que más, y hasta estoy convencido de que sois mejor.
—Os confieso, caballero —repuso el señor Lorry—, que no acierto a comprender por qué os tomáis tanto interés en lo que hago. Perdonadme si, valiéndome de mi prerrogativa de anciano, me permito daros un consejo, pues creo que harÃais mucho mejor en ocuparos de vuestros asuntos.
—No los tengo —respondió el abogado.
—¡Peor! ¡Mucho peor!
—Soy de vuestro mismo parecer.
—Si los tuvierais —continuó el señor Lorry—, os ocuparÃais de ellos y…
—Es probable que no —dijo el señor Carton interrumpiéndole.
—HarÃais muy mal, caballero —dijo el anciano, exasperado ante tanta indiferencia—. Los negocios distraen y ennoblecen y no hay nada más respetable que el trabajo que exigen. El señor Darnay tiene demasiado talento para que deje de comprender mi situación, y me consta que es demasiado generoso para temer por un momento que se haya ofendido por la discreción con que me he conducido… Buenas noches, señor Darnay; espero que conservaréis la vida para gozar de toda clase de venturas y renuevo con toda sinceridad mi enhorabuena. ¡Cochero!