Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —No lo creo, señorita; me conozco demasiado para hacerme ilusiones; pero no olvidaré jamás que habéis pensado por un momento que podrÃa ser algún dÃa menos indigno de vos. —Carton vio que Lucie temblaba y afectó serenidad en medio de su desesperación—. Suponiendo, Lucie, que hubieseis correspondido al amor del hombre que está en vuestra presencia, a pesar de la felicidad que le hubieseis dado, este hombre perdido, este miserable abandonado de sà mismo únicamente os habrÃa dado a cambio el pesar y la deshonra. Sé que no inspiro ningún cariño, pero no lo pido, y siento cierta satisfacción al pensar que no puedo inspirarlo.
—Pero ¿no puedo seros útil en nada, señor Carton? ¿No puedo pagar la confianza que tenéis en mÃ? Porque sé muy bien —añadió Lucie con voz trémula y conmovida— que no hablarÃais asà a otra mujer. ¿Me será imposible arrancaros de esa vida deplorable?