Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades 
Bebiendo, fumando, cantando, haciendo burla de las expresiones de duelo, el caótico cortejo siguió su marcha, reclutando adeptos y cerrando tiendas a cada paso. Su destino era la vieja iglesia de San Pancracio, ya en el campo, fuera de la ciudad, y allí llegó andando el tiempo. Entonces la multitud forzó las puertas del cementerio, y acabó por enterrar al difunto a su gusto y con alegre algazara.
Como la turba, después de disponer del muerto, tenía necesidad de nueva diversión, uno de sus más ingeniosos miembros, tal vez el que la había inspirado antes, concibió la chistosa idea de prender a los transeúntes, acusarlos de espías de Old Bailey y tratarlos como tales. Apenas se difundió tan luminosa ocurrencia, unas veinte personas, que ni de vista conocían tal vez la antigua cárcel, fueron detenidas y maltratadas. De esta diversión al saqueo de 1as tabernas la transición era tan natural como fácil, y hacía ya varias horas que los belicosos amotinados arrancaban rejas para convertirlas en armas y forzaban puertas, cuando corrió el rumor de que se acercaba una patrulla. Ante el rumor la multitud se dispersó paulatinamente, y tal vez llegó la patrulla, o tal vez no, pero así es como normalmente se comportaban las multitudes.