Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades El doctor sonrió al oÃr que su hija daba a entender sin pensarlo que después de conocer a Charles habrÃa sido desgraciada sin él.
—Pero lo has conocido —dijo—, y de no haber sido Charles habrÃa sido otro. Si nadie te hubiera gustado, yo habrÃa sido la causa; la parte oscura de mi existencia habrÃa proyectado su sombra más allá de mà mismo cayendo sobre ti.
A excepción de la época en que Charles estuvo procesado, nunca habÃa oÃdo Lucie a su padre hacer alusión alguna a su cautiverio, por lo que estas últimas palabras le produjeron una impresión profunda, y recordarÃa mucho tiempo después la extraña emoción que la embargó.
—MÃrala —prosiguió el doctor alzando la mano hacia la luna—; la vi desde la reja de mi calabozo en un tiempo en que no podÃa soportar la luz, y en que la idea de que brillaba sobre lo que habÃa perdido era para mà un tormento tan espantoso que me daba cabezazos contra las paredes. La vi más adelante, cuando, hundido en un profundo letargo, ya no pensaba en nada sino en contar las lÃneas horizontales que podÃa dibujar sobre ella cuando estaba llena, y en las perpendiculares con que podÃa cruzarla a continuación. De un extremo a otro —añadió pensativo—, únicamente podÃa trazar veinte y era muy difÃcil incluir la veintiuna.