Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —Es justo, ¿por qué no? No veo ningún motivo, a Dios gracias, para que no sea todo felicidad en esta casa bendita. Pero ¡me he aturullado tanto hoy! Noto que me voy haciendo viejo. ¿Esta es mi taza de té? Gracias, hija mÃa; sentaos, no estéis en pie, y guardemos silencio para escuchar el eco. Tenéis sobre él una teorÃa completa.
—No es una teorÃa.
—Pues ¿qué es?
—Una convicción.
—No lo negaré, bella Lucie. En todo caso, los rumores que nos trae son numerosos; ¡escuchad!
Pasos rápidos y confusos que se precipitaban en la vida de todos y se atropellaban unos a otros con violencia, pasos cuya huella sangrienta serÃa un dÃa difÃcil de borrar, recorrÃan con furor las calles lejanas de Saint Antoine mientras el pequeño cÃrculo de Londres se entretenÃa junto a su ventana oscura.