Historia de dos ciudades

Historia de dos ciudades

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No. Llenaban ya la sala de audiencias donde estaba el viejo, feo y maligno Foulon y atiborraban las calles inmediatas. Los Defarge, marido y mujer, la Venganza y Jacques tercero estaban en primera fila, a corta distancia del odioso acusado.

—¿Lo veis? —gritaba madame Defarge apuntando con el cuchillo—; ¡allí está el monstruo! Tendrían que haberlo cargado con un haz de hierba; que le den hierba y que coma.

Y colocándose el cuchillo debajo del brazo aplaudía como en el teatro.

Los hombres que estaban detrás de ella explicaron el motivo de su satisfacción a los que estaban detrás de ellos, y de grupo en grupo los aplausos se oyeron hasta en las calles vecinas. De este modo llegaron al otro lado de la ciudad las palabras que durante tres horas arrancó la impaciencia a madame Defarge. La rapidez en la comunicación era tan prodigiosa porque algunos hombres encaramados en las cornisas miraban por las ventanas por encima de la multitud, y formaban así un telégrafo humano entre la tabernera y las masas que llenaban las calles.

Por fin, un rayo del sol de mediodía cayó directamente sobre la cabeza del anciano preso y pareció protegerlo. Este favor indignó al populacho; la frágil barrera, que por milagro estaba aún en pie, se hizo pedazos, y Saint Antoine se apoderó del cautivo.


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