Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —No, señor, no —repuso Cruncher—, no más rodeos. Quiero deciros únicamente que en el banquillo que hay junto a la puerta de la BancaTellsone, donde he trabajado tanto tiempo, se sienta mi hijo que hoy es un hombre y está dispuesto a recibir vuestras órdenes, a hacer vuestros encargos y todo lo que le mandéis. Suponiendo, señor, que fuera cierto lo que vos pensáis, lo cual estoy muy lejos de afirmar porque hablo sin rodeos, permitid, señor, que el hijo conserve su puesto en la puerta de la Banca Tellsone para que con el tiempo pueda ayudar a sus ancianos padres. No lo castiguéis por las faltas que su padre haya cometido, y valeos de vuestra influencia para que este desgraciado padre sea nombrado sepulturero y entierre muertos en compensación de los que ha desenterrado. He aquÃ, señor —añadió Cruncher, frotándose la frente con la manga en señal de que concluÃa su perorata—, he aquà lo que os suplico humildemente. No se ven las cosas espantosas que suceden en esta ciudad con los cadáveres decapitados… ¡Misericordia divina! Su número es tan considerable que su precio ha llegado a ser inferior al porte. Digo, pues, que no se ven tales cosas sin hacer serias reflexiones. Y os suplico que recordéis, señor Lorry, que, si he descubierto el hecho en cuestión, ha sido para servir a la buena causa, porque habrÃa podido callar y no incurrir en vuestro desagrado.