Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —Las circunstancias no son ya las mismas; ayer sabÃa lo que iba a suceder, y tenÃa la certeza de salvarlo —respondió el doctor Manette con lentitud y con una expresión que revelaba su temor.
—No cejéis por eso. De aquà a mañana queda poco tiempo, pero esto es un motivo más para emplearlo bien.
—Esa es mi intención; no cejaré hasta hacer todo lo que pueda.
—Muy bien, la energÃa puede acometer grandes empresas. Bien es verdad, sin embargo… —añadió exhalando un suspiro—, pero qué más da, hay que intentarlo. Por poco valor que tenga esta vida cuando se ha hecho de ella mal uso, vale no obstante la pena defenderla, porque cuesta abandonarla.
—Voy a salir —dijo el doctor Manette—; veré al presidente, a los jueces, al fiscal; veré a otros, escribiré… Pero hoy hay fiesta nacional, y todo el mundo estará fuera de casa y no encontraré a nadie hasta la tarde.
—No os desesperéis. El caso es tan grave que ese contratiempo no os quita muchas probabilidades. Vendré no obstante a saber el resultado de vuestras visitas. ¿A qué hora creéis que habréis visto a todos vuestros amigos?
—Una hora o dos después de anochecer.