La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades El anciano, la anciana, el poni y el tÃlburi avanzaron plácidamente hasta que se encontraron en la sexta puerta antes de llegar a la del notario, en cuyo punto el poni, confundido por la placa de cobre del sastre, se detuvo manteniendo un silencio pertinaz, dando asà a entender que aquella casa era la que buscaban.
—Por favor, señorÃa, ¿tendrÃa usted la bondad de proseguir? Este no es el lugar —le rogó el anciano.
El poni miraba una toma de agua y parecÃa completamente absorto en su contemplación.
—Ay, querido, qué Whisker tan perverso —exclamó la anciana—. ¡Se habÃa portado tan bien hasta ahora! Me avergüenzo de él. No sé qué vamos a hacer con él. Realmente no lo sé.