La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades —La abejita trabajadora —recitó la señorita Monflathers, irguiéndose más— sólo se puede parangonar con las niñas decorosas. «Libros, labores, juegos sanos». Esto es lo decente y adecuado; y el trabajo consiste en pintar sobre terciopelo y realizar labores bonitas con el ganchillo. En casos como este —concluyó mientras apuntaba a Nell con el parasol—, y pensando sobre todo en los hijos de los pobres, deberÃamos leer el poema asÃ:
En el trabajo, trabajo constante
demuestre yo mi valÃa.
Que de cada hora y de cada instante
dé yo cuenta cada dÃa.
Un profundo murmullo de aprobación provino no sólo de las dos profesoras, sino también de todas las alumnas a coro, asombradas de oÃr a la señorita Monflathers improvisar poesÃa con tan brillante estilo; pues, aun que hacÃa tiempo que se la admiraba por sus dotes polÃticas, nunca antes se habÃa revelado como una poetisa original. En aquel momento, una, de las alumnas descubrió que Nell estaba llorando, y todos los ojos se dirigieron a ella.
