La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades Terminado el relato, para que este pudiera liberarse de las engorrosas asociaciones e interrupciones con las que no tenÃa nada que ver, hice que los pocos folios de Master Humphrey’s Clock que se habÃan imprimido con relación a la misma fueran borrados; y, al igual que el cuento inconcluso de la noche ventosa y el notario de El viaje sentimental, se convirtieron en propiedad del fabricante de baúles y del mantequero. Yo, he de confesarlo, era particularmente remiso a enriquecer tan respetables oficios con el artÃculo inicial del proyecto abandonado, en el que master Humphrey hablaba de él y de su modo de vida. Aunque ahora tiendo a confesarme al modo filosófico, con referencia a una emoción ya pasada, soy consciente de que me tiembla un poco la pluma al escribir estas palabras. Pero la cosa se hizo, y con gran sensatez, y Master Humphrey’s Clock, tal y como estaba originalmente concebido, se convirtió en uno de esos libros perdidos de la Tierra que, como todos sabemos, son mucho más preciosos que cualquier libro que se pueda leer por amor o por dinero.
Con relación a la novela propiamente tal, voy a decir muy poco aquÃ. Los numerosos amigos que me ha valido, y los numerosos corazones que ha hecho que se vuelvan hacia mà cuando se hallaban embargados de tristeza, le prestan un interés que, en mi opinión, no es de carácter público, y cuyo legÃtimo lugar parece ser «un terreno muy apartado».