Oliver Twist
Oliver Twist Las arañas habían tendido sus sutiles telas por todos los ángulos de los muros y de los techos, y hasta ocurría con frecuencia, cuando Oliver pasaba de una a otra estancia, que más de un ratón asustado corriera presuroso a esconderse en su agujero al oír ruido de pasos. Salvas estas excepciones, ni la vista ni el oído encontraban en la casa vestigios de ser viviente. Llegada la noche, cuando Oliver se sentía cansado de recorrer habitaciones, solía agazaparse en un rincón del pasillo que terminaba en la puerta de la calle en su afán de estar más cerca de la sociedad de los vivientes, y allí se pasaba el tiempo, atento el oído y contando las horas, hasta que regresaban el judío y los muchachos.